La economía circular aplicada al agua apuesta por reutilizar el agua depurada en lugar de desecharla. El agua regenerada puede destinarse al riego agrícola, la recarga de acuíferos o procesos industriales. Además, las plantas depuradoras modernas recuperan energía mediante biogás y extraen nutrientes como fósforo y nitrógeno para convertirlos en fertilizantes, cerrando el ciclo de forma sostenible y rentable.
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