La desalinización del agua marina se ha convertido en una de las soluciones más prometedoras para afrontar la escasez hídrica. Países como Israel, Arabia Saudí y Australia lideran la inversión en plantas de ósmosis inversa capaces de convertir agua salada en agua potable a costos cada vez más competitivos. Los avances en nanotecnología y membranas biomiméticas prometen reducir aún más el consumo energético de estos procesos.

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